Desde que la cámara no es un artilugio que tienes que llevar a propósito, sino que es parte de tu día a día, es más fácil que nunca capturar recuerdos. He de reconocer que soy adicta al móvil, y ya sea para echarle un ojo al mail, a Twitter, a Facebook, Pair o Instagram, por supuesto, pero siempre estoy con el móvil en la mano.
A lo que iba, es que es muy fácil inmortalizar momentos, carteles, sloganes,... fotografío todo lo que se me pasa por los ojos y me llama la atención. Recuerdo hace unos años (7 o así), cuando hicimos una escapada a León con amigos. Allí, creo recordar que fue el domingo, había un mercadillo y nos dimos una vuelta, por eso de ver lo autóctono y ver qué baratija y ganga encontrábamos. Fue en un puesto de ropa interior donde vimos "Pantys de Berano". Perdo, ¿dónde está ahora esa foto? Seguramente perdida en alguno de los muchos discos duros que andan por casa, o que se han quedado en alguna mudanza. ¿Por qué no puedo recordar ese momento a golpe de scroll?
Por eso me encanta Instagram: lo veo, lo capturo y ahí está. De hecho, si pudiera, algunas ni las compartiría y me las quedaría pa mí, de recuerdo, retocadas y bonitas.
Uno de esos momentos me pasó el otro día en el Makro, haciendo la compra para la fiesta piscinera que comentaba el otro día. Fue allí donde me encontré con esta virguería:
Desde luego, no sé a quién se le habrá ocurrido ese copy, pero estoy segura de Wall-e no se parece a mí. ¿Un cacharro redondo, de metal y con luces sospechosas me imita a la perfección? ¿En qué? ¿Tiene sangre de chocolate? O_o
A día de hoy sigo sin entender en qué nos puede invitar el cachivache ese, pero lo que sí está claro es que quedará guardado en mi Instagram para la posteridad ;-)
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